EL BUEN DIVORCIO

Por: Ximena Bernaldo de Quirós. Co-founder. iUrisfyer

Un divorcio es una situación vital que a todos aquellos que viven en pareja compartiendo un proyecto de vida les puede llegar a pasar. La realidad es que un divorcio, una ruptura, es muy habitual en nuestra sociedad. Todo aquello que has construido durante años debe de reestructurarse abriéndose un gran reto de superación.

Hay rupturas que son inevitables, y que por supuesto, son mucho más recomendables que una convivencia en perpetuo conflicto. En nuestra mano está evitar la crisis familiar. Porque es la crisis, el conflicto, la falta de empatía y de entendimiento lo que hace que tanto la pareja, como a aquellos que la rodean, principalmente los hijos, sufran. Un sufrimiento que debemos evitar por todos los medios, un sufrimiento inútil, innecesario, y devastador en muchos casos.

Por ello, se deben poner todos los medios a nuestro alcance para que el divorcio o ruptura, sea un proceso legal y emocional todo lo fácil que podamos. Debemos convencernos de que un divorcio “civilizado” es posible. Y la única vía para ello es el entendimiento, alcanzar acuerdos que construyan las bases de la nueva realidad familiar que logren la estabilidad de todos sus miembros.

Hay distintas sentencias de gran valor didáctico que pueden servir perfectamente de guía para que la ruptura familiar, el divorcio y la reestructuración familiar sea lo más sana posible, como es la Sentencia Primera Instancia de Torremolinos de 17 de febrero de 2011, o el Auto de 22 de Junio de 2010 dictado por el Juzgado de Primera Instancia nº 8 de Gijón. A saber:

1.- Fomentar el muto acuerdo. Siempre será mejor hacer un esfuerzo de entendimiento y llegar a un acuerdo, que no un tercero, un juez, decida por vosotros. El objetivo de Iurisfy es garantizar la futura estabilidad y con ello, cicatrizar la ruptura familiar de una manera sana y equilibrada a través de nuestro mutuo acuerdo. Siempre con la premisa de dar prioridad a las necesidades de los hijos por encima de las necesidades e intereses de los padres

2.-La ruptura de una pareja conlleva además de un proceso legal, un proceso emocional, personal y psicológico que viven tanto los adultos como los hijos. El proceso de ruptura no acaba con el dictado de una sentencia, se necesita un tiempo para ordenar y recolocar, aplicando de forma responsable y no traumática las medidas legales adoptadas en la sentencia, de forma que se preserve el bienestar de los menores.

3.- Evitar la búsqueda de culpables, las alianzas en contra del otro progenitor obligando a los menores a tomar partido, la utilización de los menores como mensajeros, espías o armas arrojadizas. Cuanto menos se sientan ellos parte de la pelea entre sus padres, mejor entenderán la situación.

4.- Los menores deben entender que ellos no tuvieron ninguna responsabilidad en la separación y que, a pesar de la ruptura sentimental de sus padres, ambos seguirán haciéndose cargo de sus vidas. La ruptura no supone la desaparición de las obligaciones con respecto a los hijos, si no una “reestructuración”.

5.-Ambos progenitores deben mantener una relación fluida, un dialogo contante respecto a todas las cuestiones que afecten a los hijos, consultándose e informándose de forma honesta, abierta y fluida todas aquellas cuestiones vitales para los menores como son la educación, la salud, el desarrollo físico, intelectual y emocional. De tal forma que se mantenga una coherencia y complicidad en los criterios educativos a seguir, independientemente de con quien se encuentre el menor.

6.- Pensar que los hijos son propiedad exclusiva del padre o de la madre. Ambos son imprescindibles para el sano desarrollo de los hijos, y las actitudes de posesión no hacen otra cosa más que perjudicar a los menores.

7.- En caso de que cualquiera de los progenitores rehaga su vida sentimental con otra persona, debe introducirse ésta con tacto y progresivamente, a ser posible cuando la relación esté suficientemente consolidada, dejando siempre bien claro a los hijos que ello no supone renunciar a su padre y/o a su madre.

8.- Fomentar las relaciones con el progenitor con quien no conviven, así como con el resto del grupo familiar como son tíos, abuelos y primos.

9.-Cumplir con las obligaciones alimenticias es esencial y en caso de que el progenitor alimentante no cumpla, es también igualmente importante no verter el enfado en los menores, pues aumentará su sensación de abandono pudiéndoles perjudicar gravemente.

10.- Si los progenitores no se ven capaces de llevar a cabo este decálogo, el asesoramiento de un profesional siempre es recomendable.

Y recuerden, los valores, comportamiento y actitud de los padres siempre serán modelo para lo hijos, por lo que es esencial que los padres den siempre buen ejemplo.

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Derecho de familia

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